viernes, 23 de noviembre de 2012


Desde hace ya un tiempo, Los Angeles Lakers están de moda. Como equipo histórico, siempre lo habían estado, gracias al deleite de su juego, que le ha valido ser el segundo equipo con más campeonatos de la historia de la Liga. Pero, en ocasiones, una franquicia pierde el rumbo. Es en aquél momento cuando ha de reestructurarse o reconstruirse (que son cosas separadas). Eso es uno de los aspectos inherentes a las franquicias NBA. Un equipo no es eterno, se devalúa con el paso del tiempo. Por eso, las largas dinastías en algún momento llegan a su fin. Cuando éso ocurre, toca trabajar dentro de la cancha, pero sobre todo fuera. El el momento de los General Managers de ganarse su sueldo. Sin casos excepcionales, tienen que buscar la forma de rehacer un equipo por completo, de ahí la importancia de su trabajo. Sobre la práctica, es algo muy, muy volátil. Los Thunder revolucionaron la NBA de un año para otro, pasando de sufrir en la parte baja de la clasificación a plantar cara a los “Beach Boys” de Riley. Sin embargo, con mirar hacia equipos como los Wizards, sabemos que no siempre resulta así de fácil salir del hoyo en la NBA.
Ahora el turno es de los Lakers. Sabemos bien (gracias a Dios) que no van a ser los próximos Wizards, pero lo cierto es que su futuro comienza a temblar. Tras el descalabre sufrido en 2011 ante Dallas, cosa que queda ya lejos, han seguido, en mayor o menor medida, en la élite del baloncesto mundial. Como suplente de aquél inigualable “Master Zen”, han colocado a Mike Brown, “El Rey del pollo frito”. Brown supo liderar a los Cavaliers a las Finales de 2007, un equipo en el que jugaban LeBron y cuatro más, por decirlo de alguna manera. Tal vez no fuera mala idea en un principio, pero estaba claro que no iban a ser nada del otro mundo... Llegaron, pues a Semifinales de Conferencia, cayendo frente a los Thunder que, ya en 2010, habían intentado plantarles cara.
Cuando un equipo pequeño busca plantar cara al gigante y lo consigue, siempre es un gran mérito. Pero la cruda realidad era que el imperio de Hollywood estaba desmoronándose, y eso había que solucionarlo. Así, al más puro estilo de superproducción discográfica, el ave fénix del baloncesto en el siglo XXI sacó a volar billetes para atraer más estrellas. Si con Kobe no era suficiente en el año 2000, ahora tampoco lo sería (pese al gran trabajo de Pau). Necesitaban calidad rápido, y la primera respuesta de Mitch Kupchak fue sacar su pecho como GM del equipo y entablar conversaciones con Steve Nash. Nash, no nos engañemos, es una estrella en declive. Un par de años, y adiós a uno de los mejores bases que nos brindó el baloncesto. Pero los Lakers necesitaban estrellas inmediatamente. Nash a la saca, y a seguir buscando...
Bynum es, sin duda, un base de mucha calidad, pero los Lakers vieron en la ya molesta indecisión de Dwight Howard un diamante ya trabajado. Millones, calidad sobre la cancha y una bonita ciudad hicieron las delicias de un jugador que, pese a la belleza de Orlando, su sueldo, y sus compañeros, quería más a nivel baloncestístico. Por eso, quién sabe si, en su íntima soledad, rememorase unas aún tangibles Finales de 2009 donde el (por aquel entonces) mejor equipo del mundo les había pasado por encima. Ahora, formar parte de un conjunto con 15 títulos en sus vitrinas lo llevaría al siguiente nivel. Haciendo honor a su patrocinador, Howard fichó por los Lakers “all in”.
Ahora, con uno de los quintetos más estelares de la Liga (sólo al nivel de los Heat), los Lakers se lanzaron a la aventura. Pero pronto la excitación se tornó en pesar, tras un “quiero y no puedo” que les llevó a protagonizar la peor pretemporada en varias décadas. La prensa, son su característico sensacionalismo, pasó ´de “A por el 72-10” a “¿Volverá Phil Jackson?”. Cuando las cosas iban mal, rápido se despidió a Mike Brown, y volvieron los rumores sobre un tercer regreso de Phil... Pero Phil no volvió. La realidad era una, y la NBA resultaba en ocasiones tajante. Los Lakers estaban jugando solos, sin ofender al entrenador interino (¿Bernie Bickestaff?). La rápida reacción desde los despachos derivó en el fichaje de Mike D'Antoni. Ahora, es cuestión de esperar...
Pero esto ya ocurrió con anterioridad, hace 50 años. Cuando el dominante pívot Wilt Chamberlain, autor de “El partido de los 100 puntos” en Hershey, PA (1962) llegaba al ocaso de su carrera, se unió al “frontcourt” angelino para sacar un último anillo antes de su adiós. Entonces, todo se puso viento a favor, con una plantilla formada, además, por estrellas como Elgin Baylor o “logoman” Jerry West. Pero no fue fácil volver a la senda de las victorias. Acabaron 1969 perdiendo el título ante los Celtics, y 1970 cayendo ante los Knicks. El año siguiente llegó Gail Goodrich,pero Baylor lo pasó en el dique seco, y los Lakers fueron “apeados” en Finales de Conferencia ante unos Bucks en los que destacaba un tal Alcindor, más tarde Abdul-Jabbar. No fue hasta 1972 cuando los Lakers se alzaron con un campeonato de la NBA. Nunca mejor dicho, un. Aquel quinteto de superestrellas derivó en un campeonato, muchos millones y varias retiradas. Los Angeles lucieron en 1972 el anillo de campeón por primera vez desde 1954, con George Mikan. Y no fue hasta la llegada de Magic Johnson cuando regresaron los oros en el equipo...
Los Lakers están ahora en una etapa similar, donde no se puede definir el futuro del equipo a corto-medio plazo con ciencia cierta, pero no se espera la continuidad de los éxitos obtenidos estos últimos años. Con Mike D'Antoni, los Lakers optaron por tomar las riendas de un juego más rápido, pues el entrenador buscará encajar las piezas para formar un equipo con un potente contraataque, pues tiene a Howard como gran finalizador. Tener a D'Antoni tranquiliza, pero no ha habido una mejora trascendental desde su llegada. Los Lakers siempre han sido una amenaza en potencia. Pueden sacar oro de la peor situación, pero esta vez se trata de algo más. De momento, no llegan a la veintena de partidos, con poco más de un mes transcurrido, y se apalancan en torno a un 50% de victorias. Están flirteando con clasificarse para postemporada. Podrían caer de Playoffs, pero nos sorprendería a todos. Sería demasiado. Unos Lakers como estos, no. Con el transcurso del año, deberían mejorar. Claro que, con equipos como los Warriors clasificados, los Lakers tendrán que luchar duro para salir airosos del paupérrimo comienzo de temporada...

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