jueves, 21 de julio de 2011

Bill Russell, un jugador de leyenda


La NBA nos otorga algunas veces con jugadores únicos, que labran un sueño en la mente de los seguidores del baloncesto, y que cambian la historia de este deporte para siempre. Uno de ellos es Bill Russell. Apodado como «El señor de los anillos»...
Nacido en Monroe (Louisiana), se mudó con su familia a Oakland debido a la tensión racista de por aquel entonces. Russell no destacó especialmente de niño en el baloncesto, pero cosechó algunos logros en aquella etapa.
Posteriormente, ejerció su periplo universitario en la Universidad de San Francisco. Llevó a su universidad a dos títulos universitarios consecutivos (1955, 1956), promediando 20,7 puntos y 20,3 rebotes a lo largo de sus 79 partidos como universitario. Junto a ello, participó también como atleta consiguiendo grandes logros, y como capitán de la selección norteamericana de baloncesto, que logró la medalla de oro en las Olimpiadas de Melbourne de 1956
Antes de su presentación al Draft de la NBA, Abe Saperstein hizo a su entrenador una oferta formal para jugar en los Harlem Globetrotters, pero el hecho de no relacionarse directamente con el jugador molestó a Russell, que lo rechazó. Hubiéramos podido ver a un dúo de hombres altos, junto a Wilt Chamberlain, que podría incluso resultar el mejor de todos los tiempos...
Fue escogido en la segunda posición del Draft de 1956, por detrás de Maurice Stokes, y lo escogieron los St. Louis Hawks. Pero Red Auerbach, con su ojo de halcón, lo atrajo hacia la franquicia de Boston a cambio de Ed Macauley (6 veces All-Star) y Cliff Hagan.
Durante su primer año, no pudo jugar hasta el mes de diciembre (por su compromiso con la selección), pero los 48 partidos jugados en la campaña 56-57 fueron suficientes para conseguir unos magníficos 14,7 puntos y 19,6 rebotes de media. Aquel año, los Celtics llegaron a las Finales tras un balance de 44-28 en temporada regular. En su primer partido de Playoffs, logró 16 puntos y 31 rebotes (y, sin ser oficial, 7 tapones) frente a los Syracuse National (posteriormente Philadelphia 76ers), por aquel entonces liderados de la mano de Dolph Schayes. Terminaron posteriormente las Finales con una victoria de 125-123 en la prórroga contra los Hawks, llegando a ella tras un tapón a la carrera, de Russell, cuando restaba menos de 1 minuto de partido y St. Louis jugaba para ponerse por delante.
En la campaña 1957-58, consiguió el MVP de la temporada con un promedio de 17 puntos y 23 rebotes (siendo, curiosamente, elegido en el segundo mejor quinteto en lugar del primero). Los Celtics perdieron las Finales ante sus últimos rivales, los Hawks, en 6 partidos (con Russell lesionado a mitad de las series). Sería una de las poquísimas vecesque caía eliminado en toda su vida.
Tras el campeonato de 1959 frente a los Lakers, en 1960 comenzó la lucha de Russell contra el por entonces novato Wilt Chamberlain, donde sus Warriors dieron trabajo a los Celtics para llegar a las Finales. Allí, ganaron a los Hawks en 7 partidos. Al año siguiente, el escenario en la ronda final de las eliminatorias volvió a repetirse y, un año más, los Hawks terminaron mordiendo el polvo (esta vez por 4-1).
Un año más tarde en la temporada 1961-62, Russell obtuvo un nuevo MVP con 18,9 puntos y 23,6 rebotes de media. Tras él, un sorprendente Chamberlain había promediado 50 puntos por partido, alcanzando la centena en una sola noche. Ese año derrotaron a los Lakers en las Finales, con 30 puntos de Russell en el duelo decisivo.
En la competición de 1962-63, se Bill Russell se alzó con el premio de MVP de la temporada (16,8 puntos y 23,6 rebotes) y MVP del All-Star Game (19 puntos y 24 rebotes), para terminar colocándose un anillo más, nuevamente, con los Lakers como oponentes. Fue también seleccionado para el mejor quinteto de la temporada.
En 1964, no pudo conseguir los galardones individuales acumulados anteriormente, siendo «sólo» seleccionado en el segundo mejor quinteto. Lideró a la Liga en rebotes, estableciendo un promedio de 24,7 capturas (además de sus 15 puntos de cara al aro). Se enfundó ese año su séptimo anillo.
Los dos años siguientes, los Celtics ganaron dos títulos frente a los Lakers, equipo que dominaba la costa oeste, más aún desde la marcha de Chamberlain a los Philadelphia 76ers. Consiguió su quinto y último MVP en 1965, fue escogido, como dos años antes, para el mejor quinteto de la NBA.
Sin embargo, todo dio un pequeño giro en 1967, cuando Red Auerbach decidió retirarse, dejando al mando a Russell, que pasó a ser jugador-entrenador. Ese año, los Celtics rompieron su dinastía, la mayor de la historia, tras conseguir ocho campeonatos consecutivos. En un año de transición sin Auerbach, fueron eliminados por los 76ers que, comandados por un excelente Chamberlain dentro de la pista y un Alex Hannum (que había vencido a los “verdes” durante su etapa en los Hawks).
En los dos años posteriores, Russell aún tuvo la oportunidad de alzarse con dos títulos de campeón (completando los 11) ante los Lakers. Cuando Bill Russell se retiró del baloncesto, el balance de los Celtics disminuyó en tal cantidad que fueron incapaces de llegar a los Playoffs. Con su retirada, se forjó la mayor dinastía del baloncesto, y con ella la historia de los Celtics subió al olimpo de los dioses. Los Lakers podrían haber sido los artífices de la dinastía, de no ser por la franquicia de Massachusetts, creando la histórica relación de archienemigos que ha perdurado hasta las últimas Finales entre ambos, disputadas en 2010.
Bill Russell es, hoy en día, el ejemplo de baloncesto posiblemente más apreciado del mundo. De acuerdo con esto cada año, cuando las Finales de la NBA llegan a su fin, ahí está él, sonriendo, dispuesto a entregar el galardón de MVP de las Finales.
Fuente: Wikipedia

lunes, 18 de julio de 2011

Michael Jordan, inteligencia del basket

Cuando se habla de Michael Jordan entre aficionados al basket, puede que los más noveles no reconozcan sus proezas, pero gracias a Internet, todos tenemos sus proezas a nuestro alcance. Refiriéndonos a él, por supuesto, como un ser superior, destacado privilegiado del deporte del aro, y mejor jugador de la historia de este deporte por aclamación popular. Jordan ha hecho lo imposible en una cancha de basket, y siempre permanecerá grabado en las retinas del buen fanático al baloncesto. Nacido el 17 de febrero de 1946 en Brooklyn, jugó siempre al más puro estilo americano. Logrando lo que apenas unos pocos podían imaginar.

Desde la creación de la NBA, una progresiva revolución había cambiado el perfil de los jugadores que la plagaban. Empezando por Bill Russell y Wilt Chamberlain como duelo protagonizta de la década de los 60, la NBA ya sabía lo que era contar con grandes anotadores. Sin embargo, hubo un cambio radical (entre muchos otros) que surgió en los 80; el “showtime”. Y es que un joven Earvin Johnson había llegado a la Liga en el Draft de 1979, para pasar a llamarse simplemente «Magic». Junto a él, otro duelo había surgido. Desde Indiana, se acercaba a los Celtics Larry Bird, «el pájaro de altos vuelos». Con la instauración de la línea de tres puntos, Bird tuvo gran parte de su protagonismo desde el exterior, una de sus mejores facetas. Al mismo tiempo, Johnson se pasaba horas y horas entrenando sus pases para plasmar auténticas creaciones sobre la pista. Pases sin mirar, por detrás de la espalda, desde el suelo... un lujo.
A pesar de haber nacido en Brooklyn, Jordan tuvo siempre su corazón en North Carolina, pues la familia se mudó allí cuando él era aún un crío. Comenzó a desarrollar sus habilidades deportivas en el instituto Emsley A. Laney. Al principio, dijeron que Jordan estaba subdesarrollado, y lo cortaron en su segundo año, cuando medía en torno a 1,80 metros de estatura. No obstante, tras un duro entrenamiento, consiguió no sólo entrar en el equipo, sino terminar su etapa como jugador de instituto promediando un triple-doble (29,2 puntos, 11,6 rebotes y 10,1 asistencias).
Consiguió una beca deportiva de la Universidad de North Carolina, por lo que no salió del estado. Participando en unos Tar Heels liderados por el posterior laker James Worthy, comenzó a crear su legado cuando en 1982 anotó la canasta decisiva que daría la victoria a su universidad frente a la Georgetown de Pat Ewing. Una canasta que le valió un campeonato de la NCAA. Terminó de graduarse en 1986, después de llegar a la NBA, pero dejó al equipo de baloncesto en 1984.
Ese mismo año, Jordan decidió presentarse al Draft de la NBA. Fue escogido en la tercera posición del Draft de 1984 por los Chicago Bulls. Fue escogido Novato del Año, y su equipo terminó con un balance de 38-44, siendo eliminados en primera ronda de los Playoffs por los Milwaukee Bucks. Al año siguiente, el récord disminuyó hasta un 30-52, y fueron eliminados nuevamente en primera ronda, esta vez por los Boston Celtics. Fue en el segundo partido de estas series cuando se adjudicó el partido de mayor anotación de Playoffs, con 63 puntos frente a los “C’s” de Larry Bird, de quien sus declaraciones formaron parte de la leyenda; “He visto a Dios disfrazado de jugador de baloncesto”.
En 1987, Jordan, tras promediar la friolera de 37,1 puntos por partido (el mejor desde Wilt Chamberlain), quedó 2º en la votación de MVP de la temporada, 284 puntos por debajo de Magic Johnson. Los Bulls ganaron 40 partidos y perdieron 42. Lamentablemente para Jordan, fueron eliminados por segundo año consecutivo por los Celtics en primera ronda, a la postre campeones.
Fue en la temporada 1987-88 cuando los Bulls lograron por fin un récord positivo desde la llegada de Jordan a la franquicia. 50-32 en su alance, y Jordan colmó su temporada lleno de premios. Su primer MVP de la temporada, Mejor Defensor del Año, campeón del Concurso de Mates por segundo año consecutivo, MVP del All-Star Game… Además, superó por primera vez la primera ronda en los Playoffs. No pudo llegar mucho más lejos, pues cuando se encontró con los “Bad Boys” de Detroit, fue marcado por dos o tres jugadores, la táctica de Chuck Daly para inutilizarlo. Eso pasó también al año siguiente, pero llegaban al equipo Horace Grant o Scottie Pippen y, lo más importante, Phil Jackson en los banquillos.
Por eso, en los años 1991, 92 y 93, los Bulls vencieron a todas sus bestias negras, ganando sus tres primeros campeonatos de la NBA. Junto a ellos, Jordan no había bajado el listón, consiguiendo ser el MVP de las tres Finales, y haciendo balances impresionantes, como el 67-15 de la temporada 1991-92.
Entonces, súbitamente, dejo un vacío en los aficionados al baloncesto. Un tiempo después de la muerte de su padre (en julio de 1993), concretamente el 6 de octubre de ese año, Jordan convocó una rueda de prensa para anunciar su retirada, declarando que no disfrutaba como lo había hecho antes. James Jordan murió el 23 de julio de 1993 en un área de descanso de una carretera de North Carolina, asesinado por Daniel Green y Larry Demery, dos jóvenes que posteriormente serían condenados a cadena perpetua. Michael estaba muy unido a su padre. Precisamente por su unión paterno-filial, el mejor jugador del baloncesto mundial, destrozado por lo sucedido, optó por jugar al béisbol. Cuando firmó un contrato con los Chicago White Sox de la American League (que tenían al mismo propietario que los Bulls, Jerry Reinsdorf). Michael dijo que lo hacía por una promesa que tuvo con su padre, y que de niño había jugado (curiosamente, de joven jugaba como lanzador, no bateador). Jugó menos de 20 partidos en las ligas menores, antes de mudarse a Birmingham, para jugar con los Barons. La prensa no tardó mucho tiempo en criticar su forma de jugar, pues no se le daba tan bien como muchos esperaban, pero la afluencia a los partidos de los Barons llegó a sus máximos históricos. Con todo, Michael pronto colgó el bate para dedicarse a lo que más le gustaba: el baloncesto.
Los Bulls iban en un declive progresivo sin su gran estrella, a pesar de haber cosechado un gran balance de 55-27 durante el primer año sin él. Pero el 18 de marzo de 1995 todos los medios deportivos abrían con las mismas palabras: «I´m back» (he vuelto). Tras tanto tiempo sin jugar, aún conservaba su calidad, pero había perdido parte de su explosividad en momentos claves. Los Bulls cayeron en Semifinales de Conferencia ante los Magic. Jordan colgó el dorsal 45 (que había utilizado anteriormente con los Barons), para retomar el 23 (que había sido retirado como homenaje).
Tras el verano de 1995, los Bulls adquirieron a una pieza clave como Denis Rodman, y Jordan se entrenó más duro que nunca. A la temporada siguiente, los Bulls lo dieron todo de sí, para convertirse posteriormente en el mejor equipo de la historia. A mitad de temporada, contaban con únicamente 3 victorias, y al final de la misma terminarían con 72 victorias y 10 partidos perdidos. Se hicieron campeones ante los Seattle SuperSonics de Shawn Kemp y Gary Payton. En 1997, su calidad fue un pequeño paso más allá, otorgándonos en las Finales ante los Jazz del dúo Malone-Stockton una canasta decisiva en el primer partido o los 38 puntos del «partido de la fiebre» en el quinto encuentro.
Al año siguiente (1998), se cerró el segundo «three-peat» de los Bulls de Jordan, nuevamente ante los Utah Jazz. El balance de ese año había sido de 62-20, inferior al de los Jazz, que llegaban a las Finales para tomar revancha. Sin ambargo, los Bulls se mostraron superiores, hasta el punto de vencer por 42 puntos (96-54) en el tercer encuentro. Y posteriormente, en el sexto y último, nos otorgó el último momento como jugador de los Bulls.
Tras un robo de balón a Karl Malone, y siendo defendido por Byron Russell, Jordan realizó una finta de tiro que le dejó un espacio de tiro suficiente para encestar un lanzamiento en suspensión que le valió el sexto campeonato de su carrera profesional. Más tarde, en enero de 1999, cuando se anunció el “Lockout”, Jordan se despidió del baloncesto por segunda vez.
La posterior vuelta al baloncesto tras el cierre patronal con los Washington Wizards no fue como la primera, y tanto la edad como las lesiones limitarion más que notablemente el juego de Jordan, que fue perdiendo paulatinamente la titularidad. Jugó en Washington en 2002 y 2003, y donó su salario a las víctimas del atentado del 11 de septiembre. En su última temporada, el público lo ovacionó y se rindieron homenajes en casi todas las canchas de la Liga (especialmente en la de Chicago). Fue capaz de anotar más de 40 puntos a la edad de 40 años, y disputó de forma honorífica el All-Star Game de 2003 como titular, puesto que le otorgó Vince Carter. Quién sabe si volveremos a ver a otro jugador como él...
Fuente: Wikipedia

Wilt Chamberlain, el hombre récord

Posiblemente el primer gran duelo de la historia de la NBA fuese entre Wilt Chamberlain y Bill Russell. Tras los primeros “piques” con la fundación de la Liga entre Joe Fulks (Philadelphia Warriors) y Max Zaslofsky (Chicago Stags), hubo que esperar hasta los años 60 para poder disfrutar de la época dorada del baloncesto profesional en los Estados Unidos (con permiso de los 80). Michael Jordan fue aclamado como mejor jugador de la historia de este deporte. No obstante, esto se debe en gran medida a la publicidad, a los medios de comunicación y a su polémica carrera deportiva. Pero hubo otros grandes titanes, tiempo atrás.

Wilton Norman Chamberlain, “Wilt”, nació en Philadelphia, y actualmente es considerado el jugador con el físico más privilegiado de la historia. Desde joven se interesó por el deporte de la canasta cuando estudiaba el séptimo curso.Pasó por el instituto Overbrook (West Philadelphia) durante cuatro años. Chamberlain consiguió a su paso por el instituto 2.252 puntos, y a la hora de escoger universidad, no le faltaban novias. Apostó por los Jayhawks de Kansas. El primer año no pudo jugar en la NCAA (por aquel entonces, no se aceptaban freshmen). A la siguiente campaña, los Jayhawks llegaron a la final del campeonato universitario. Perdieron el título por 81-80 ante North Carolina, tras tres prórrogas. El tercer año fue un fracaso para la Universidad de Kansas, no logró clasificarse para el torneo de la NCAA. Chamberlain decidió entonces dejar Kansas.
Quería dar el salto a la NBA, pero las normas de elegibilidad le obligaban a desenvolverse como jugador universitario en un período de 4 años. Por esto, fichó durante un año por los históricos Harlem Globetrotters, con los que dio a su juego una nueva dimensión ya que el entrenador, Abe Saperstein, decidió colocarlo en la posición de base. Cuando llegó a la NBA, a pesar de ser escogido por los Philadelphia Warriors como elección territorial (un tipo de elección que había por aquel entonces) en 1955, fue seleccionado en la tercera posición del Draft de 1959. Ese mismo año fue Rookie del Año, MVP de la temporada y MVP del All-Star Game. Fue con los Warriors donde pasó, posiblemente, su mejor etapa profesional, antes de la mudanza de éstos a San Francisco. Jugó en éstos de 1959 a 1964. Cuando estaba en Philadelphia, caían eliminados por los Celtics de Bill Russell, y cuando se mudaron al Oeste, cayeron en las Finales ante los “verdes”. Tras ello fue traspasado a los 76ers, una nueva franquicia surgida en Philadelphia.
Con los 76ers, fue eliminado una vez más por Boston, amplio dominador hasta aquel entonces. Sin embargo al año siguiente, en 1967, Chamberlain consiguió por fin vencer a la franquicia de Massachusetts, para ganar posteriormente el campeonato frente a San Francisco, su ex equipo. Las Finales duraron 6 partidos. Sin embargo, al año siguiente, los 76ers cayeron eliminados (por enésima vez para Wilt) ante los Celtics.
Philadelphia traspasó a Chamberlain a la campaña siguiente, y recaló en Los Angeles Lakers, junto a Jerry West y a Elgin Baylor. Lamentablemente, este último se retiró poco después, y Wilt se lesionó en una rodilla. Destaca el hecho de haber sido el único capaz de taponar el “skyhoop” de Kareem Abdul-Jabbar. Con los angelinos, Wilt sólo gano un campeonato, en 1972. Chamberlain, que iba a jugar en los San Diego Conquistadors de la ABA, no pudo hacerlo por una denuncia impuesta de los Lakers, y una posterior victoria en los tribunales. Chamberlain, tras entrenar a los Conquistadors, meditó años más tarde volver a la Liga, pero al final lo declinó. Años después se descubrió que recibió varias ofertas cuando tenía entre 45 y 50 años, ya que contaba con un estado de forma asombroso.
Chamberlain fue uno de los mejores jugadores del mundo a nivel individual, y prueba de ello son los numerosísimos récords que batió (72, 68 de ellos en solitario). Más tiros sin fallo (18), mayor promedio anotador en una temporada (50,4 puntos por partido), más veces consecutivas anotando 50 puntos o más (7)... Y luego, en lo alto: más rebotes en un partido (55) y más puntos anotados (100). Si bien todos ellos formaron un pedestal a su alrededor, este último forjó su leyenda.
A principios de los 60, el récord de anotación de un partido era de 71, por Elgin Baylor (Los Angeles Lakers). Chamberlain los superó el 8 de diciembre de 1961 frente a los propios Lakers, anotando 78 puntos tras tres prórrogas. A partir de aquí, según el comentarista «Chick» Hearn, “un día Chamberlain anotaría 100 puntos”. Lo dicho sucedió el 2 de marzo de 1962, con una victoria de los Warriors frente a los Knicks por 169-147. El partido se disputó en el Hersheypark Arena de Philadelphia, y de él sólo existe una grabación de radio.
Chamberlain anotó 41 puntos en la primera mitad y 59 puntos en la segunda. Terminó con un impresionante 28 de 32 en tiros libres (cuando habitualmente no era un gran lanzador desde la línea) y un 36/63 en tiros de campo. Como mérito añadido, cabe recordar que por aquel entonces no existía la línea de tres puntos. Al terminar el partido, Chamberlain afirmó en un principio que le avergonzaba haber anotado sólo 36 tiros, lanzando más de 60 veces. Con casi una centena de récords bajo su haber, muchos de ellos por abrumadora diferencia (por ejemplo, anotó 60 o más puntos 32 veces. El siguiente en la lista es Kobe Byant, con 6), Wilt Chamberlain nos dijo adiós el 12 de octubre de 1999 en su casa de Bel-Air, tras sufrir un ataque cardiaco. Tenía 63 años.
Fuente: Wikipedia

La historia de Hank Gathers

Eric 'Hank' Gathers es, al igual que Len Bias (que mencionábamos unos días atrás), uno de los mejores jugadores universitarios que no llegaron a pisar la pulida madera de una cancha de la NBA. Gathers se crió en Philadelphia y destacó por el esfuerzo que imprimía...

Tras pasar el instituto, Gathers se embarcó con un compañero en la NCAA. Comenzaron en Marquette, pero ni Hank ni su colega cuadraban, así que fueron traspasados a Loyola Marymount, y es allí donde Gathers dio su verdadero salto de calidad.
Coincidiendo con 'El Gurú del Ataque' (el entrenador Paul Westphal), el jugador pasó a ser un pilar decisivo para el equipo universitario, pasando a desarrollar 'el sistema' del entrenador: un juego rápido y fluido, centrado en la búsqueda de canastas rápidas. Todo marchó bien. Gathers era la estrella de la plantilla con su potencial físico y su velocidad, que le permitían terminar hábilmente un contraataque machando de cara al aro. El conjunto de Loyola incrementó su nivel de juego, y con ello su media anotadora, perfilándose como uno de los favoritos de la NCAA para conseguir el campeonato. Consiguiendo entonces una media de 120 puntos por encuentro durante el año previo de Gathers para el salto a la NBA, Loyola Marymount se lanzó al asalto del título universitario. Se encaminaban hacia la cima cuando sin embargo, y de improvisto, ocurrió algo inesperado que dejó a los aficionados en vilo.
Tras un tiro libre lanzado por Hank, éste se vino abajo, desplomándose en medio de la pista. Los médicos se desplazaron con rapidez hasta allí para atenderle, y el jugador terminó incluso saliendo por su propio pies de la cancha. Sin embargo, no todo era bueno, y le fue detectada una arritmia, que trataría con medicamentos. Pero las medicinas tenían un pequeño efecto secundario que en un deportista como aquel perjudicaba mucho; le ralentizaba, y no podía soportar el ritmo de juego impuesto por Westphal. Un pase de un compañero siempre solía terminar en canasta con una asombrosa mecánica de tiro. Sin embargo, terminaba en un fallo tras un mal lanzamiento, que ni siquiera tocaba el aro.
Salió entonces la faceta más luchadora de Eric Gathers, que optó, en un desesperado intento por rendir a su mejor nivel, por dejar la medicación que se le había impuesto. Mas entonces fue cuando llegó el verdadero problema, porque no se trataba de una disminución del rendimiento, sino de la supervivencia. Los aficionados de Loyola Marymount y del baloncesto en general vivieron un triste a la par que preocupante deja-vù. El impresionante e inigualable Hank Gathers había hecho un mate machacando el aro, y al volver a su canaasta para defender, se desplomó sobre el campo una vez más. Lo triste es que de la segunda vez no volvió a despertarse. Más tarde, se confirmó su muerte por un paro cardíaco.
El 4 de marzo de 1990, con el desplome de Eric 'Hank' Gathers sobre una cancha de baloncesto, se vino abajo un sueño en miles de fanáticos del baloncesto, y se perdió uno de los grandes mitos de la historia del baloncesto. Su compañero de instituto y de universidad lanzó, como gesto afectivo, el primero de sus dos tiros libres con la izquierda (Gathers, diestro, anotaba los lanzamientos libres con la mano izquierda), pero apenas jugó tres temporadas en la NBA. Las denuncias por la muerte comenzaron a llegar. Paul Westphal abandonó la universidad y nada volvió a ser igual. El equipo de baloncesto consiguió continuar con sus victorias, hasta llegar a la final de la NCAA, pero cayeron abruptamente ante La Universidad de Las Vegas. UNLV se alzó con el título, y desde entonces Loyola no vuelve a ser la misma. Todo cambió desde que aquel gran jugador nos dejó...
Fotografía: The Starting Five

La tragedia de Len Bias

Len Bias es, aún a día de hoy, una de los mejores jugadores de la NBA que nunca han llegado a pisar un campo de la Liga. Bias murió como jugador de los Celtics poco después de ser escogido en la segunda ronda del Draft de 1986, sólo por detrás del 'center' de los Cavs Brad Daugherthy, pero marcó toda una revolución en las canchas de juego.
Tras una larga lucha para alcanzar su objetivo (llegar a la NBA), Bias llegó desde la Universidad de Maryland hasta el Draft de Nueva York, donde Red Auerbach posó su mirada sobre él. Tras ser elegido en una posición tan alta, la popularidad y la fortuna llamaría pronto a su puerta, pero ni tiempo dio a que eso sucediese. El 19 de junio de 1986 se acababa la historia de uno de los 'mitos' del baloncesto universitario (y posiblemente de la Liga, si hubiese jugado en ella) con la muerte del joven baloncestista. La causa: las drogas. La maldita droga.
Cuando volvía hasta Maryland, a su casa tras el Draft, decidió ir hasta el campus de la universidad para celebrar por la noche su elección del Draft, y fue allí cuando las cosas se torcieron. Charlando con su compañero de habitación Brian Tribble (y posteriormente más amigos), una vez los compañeros de entrenamientos de hubiesen ido, Bias y su compañero decidieron esnifar algo de cocaína. "Surgió sin más", explica Tribble. Lo que no sabía Bias en aquel momento es que la coca que se había metido tenía un 98 % de pureza... Tras un sorbo de cerveza, se tumbó. "Creí que estaba descansando", nos comentó el compañero. Apenas un momento después de recostarse, comenzó a colvulsionar. Bias fue rápidamente trasladado a un hospital, donde se le mantuvo con respiración asistida, pero poco se pudo hacer, y poco después se confirmaba su fallecimiento. Los médicos explicaron que la sobredosis de cocaína provocó un fallo en el cerebro (que controlaba al corazón), explicándose el posterior paro cardíaco. Quedó entonces en bandeja el desconcierto y la tristeza, llegando incluso a la ira. Se había ido una estrella, y eso no iba a cambiar. Entonces llegaron las dificultades, cuando los que habían sido sus compañeros comenzaron a sufrir las críticas de los demás. El entrenador dimitió, y la familia quedó completamente derrumbada tras la muerte. Su hermano era uno de los más afectados, y un día tuvo una discusión en un centro comercial. Intentó evitar la discusión, y sobre él se cernió también la tragedia, pues la persona con quien discutía le esperaba en el aparcamiento, con una pistola en el aparcamiento...
Fotografía: ESPN

miércoles, 13 de julio de 2011

La retirada del más grande

Literalmente. El cierre patronal terminó con muchas esperanzas. Una de ellas fue la continuación de Yao Ming que, ante los problemas surgido a raíz del 'Lockout', y vistas las numerosas lesiones por las que había pasado, optó por la retirada, paranuestra tristeza y desconsuelo.
Se retiró el mejo jugador chino de todos los tiempos, y uno de los mejores internacionales, al que los problemas físicos no le dejaron rendir al 100 % de su potencial, infinitamente mayor al mostrado en los años previos a su ocaso profesional. Nos dice adiós con sus 2,28 metros de estatura, que parecían otorgarle un puesto privilegiado en el deporte de la canasta, pero que casi le dieron más angustias que satisfacciones.
Desde muy joven, Yao comenzó a sufrir los estragos del baloncesto del más alto nivel en forma de lesiones inoportunas. No obstante, eso no le impidió jugar 6 All-Star Games (siendo seleccionado en 8, sin poder jugar en 2007 ni 2011). Pasó toda su carrera profesional estadounidense en los Rockets, desde su llegada como número 1 del Draft de 2002. Su mejor juego tuvo lugar entre los años 2005 y 2008, donde promedió algo más de 20 puntos por partido y en torno a 10 rebotes. Lamentablemente, ya por aquel entonces acechaban las lesiones. A la temporada siguiente, en la 2008-2009, bajó un poco su rendimiento, pero tras la lesión de Tracy McGrady se convirtió en el pilar fundamental de Houston. Y respondió bien, maravillándonos con su juego durante todo el año, y poniendo en aprietos a los Lakers (posteriores campeones) en Semifinales de Conferencia. Lamentablemente, fue entonces cuando se lesionó de gravedad en una rodilla, con consecuencias fatídicas. No pudo disputar la campaña 2009-10 de la NBA, entrenando y esperando recuperarse pronto. Los médicos lo dejaron bien claro; no podría jugar más de 24 minutos por partido. Y no lo hizo, pero este año una nueva lesión, en la otra rodilla, lo mantuvo nuevamente en el dique seco. Ya lo avisó: barajaba retirarse. Y así lo ha determinado, para evitar una prolongada continuación de sus problemas físicos. Ahora le quedan los Shangai Sharks, equipo del que salió hacia la NBA, y del que ahora es dueño.
Con todo el dolor que produce ver desgracias como esta, con sólo 30 años, despedimos a Yao Ming desde nbasinigual.blogspot.com como todo un grande, tanto de estatura como de calidad. ¡Buena suerte en el futuro, Yao!

lunes, 11 de julio de 2011

Los Angeles Lakers, ¿tal ver, tal esperar?

La eliminación más sonada de los pasados “Playoffs” ha sido la de Los Angeles Lakers, el segundo equipo con más campeonatos de la historia. Y es que antes de ser eliminados, los angelinos eran los campeones de la Liga por segunda vez consecutiva, en un imponenete “back-to-back” obrado por una plantilla sólida, a los mandos de un gran Kobe Bryant sobre la pista y de un mayor aún Phil Jackson, que logró consagrarse como el mejor de la historia desde los banquillos. Precisamente por eso, y por su anunciada retirada como entrenador, el equipo quería rendirle un último homenaje por todo lo alto, ansiando a un nuevo “three-peat”, que sería el cuarto en la cuenta personal del «Maestro Zen».
No pudo ser. En 2009 resolvieron con calidad unas eliminatorias muy difíciles, ante unos Rockets en los que Artest salió a la luz para los angelinos, que al final del año decidieron quedarse con él tras el juego mostrado en Houston. Al año siguiente tomaron venganza por lo ocurrido en 2008. Consiguieron ganar por una diferencia de 4 puntos el séptimo encuentro de las Finales ante los Celtics, histórico archirrival del conjunto angelino. Una rivalidad resuelta con puro “showtime”, donde cada uno puso de su parte. Entre ellos, por ejemplo, Ron Artest resolvió uno de los partidos de las Finales.
Pero este año ha sido diferente. Phil Jackson decidió ir a por el tercer campeonato consecutivo tras sopesar la idea de abandonar los banquillos. Pero los medios no pasaron por alto lo ocurrido en el equipo. Decenas de veces, los Lakers habían aparecido en la prensa de todo el mundo. Kobe fue objeto de diversas acusaciones. El banquillo de oro y púrpura fue presa fácil en momentos como la derrota ante los Heat el día de Navidad, o la caída que sufrieron ante los Cavaliers en el Quicken Loans Arena unos días antes del All Star-Weekend.
Al final, consiguieron el segundo puesto tras una árdua lucha disputada frente a los Mavericks. No obstante, tras una nube de dudas en la primera ronda ante los Hornets de Chris Paul, no pudieron superar las semifinales de conferencia, donde Dallas, rival directo por el puesto tan sólo unas semanas antes, instauraba el “sweap LA”, en lugar del tradicional «Beat LA». Fue una caída libre desde lo más alto, que provocó el estallido final de críticas hacia la franquicia por parte del mundo del baloncesto en general. Phil optó, tal y como había proclamado un añó antes (en polos completamente opuestos), por la retirada. Kobe fue quién hablaba a pie de pista, y la contratación de Mike Brown como nuevo técnico no solucionó demasiado la situación. Brown cuenta con un juego creado a partir de la defensa, muy distinto del “triángulo ofensivo” que utilizaba “Master Zen”. El equipo se encuentra ahora en un estado de letargo. Quieren contratar a Dwight Howard como hicieron años antes con Shaq, y Gasol no estuvo a la altura estos “Playoffs”. Se encuentran en una débil reconstrucción (que, a lo peor, continuará a lo largo del “Lockout”). Ya contamos los días para que despierten...

Sexto partido, la resolución final

El sexto encuentro representaba los polos opuestos de las eliminatorias. Por un lado, los Mavericks, que se situaban a una única victoria de cumplir el sueño que llevaban más de tres décadas soñando. Por el otro un conjunto que había empezado de cero esta campaña, y que debía demostrar cómo había mejorado con el cambio, forzando un séptimo duelo. En lo que a los jugadores respecta, desde el sueño de Nowitzki hasta la forma en la que “The King” se había borrado del parquet desde el primer partido. Miami contenía un bloque más sólido que los texanos. Éstos, por el contrario, tenían la opción de una unidad flexible, donde se pudiesen combinar numerosos jugadores sobre la cancha, con un resultado positivo, si bien Dirk es el que más falta les hace. Atendiendo a estadísticas, tanto Ian Mahinmi como Brian Cardinal han sabido desenvolverse a lo largo de estas series, si bien hay un tecer jugador que ha resultado ser una bomba de relojería; José Juan Barea. El puertorriqueño saltó como titular, y no defraudo. Incrementó su casi paupérrima anotación de menos de 6 puntos por encuentro hasta números estratosféricos para él, y más tomando en cuenta su posición, que se ve obligado a compartir con Jason Terry. “Jet” asemeja ser un mejor anotador, pero no ha sido otra cosa que el esfuerzo lo que ha hecho de Barea un jugador ágil, con capacidad anotadora y hábil para repartir asistencias.
Pese al aguante que demostraron los pupilos de Erik Spoelstra, el ansia de los Mavericks por levantar el campeonato que llevaban tanto tiempo esperando tomo la cabeza en las series, que permitieron un gozo triunfal a los aficionados del baloncesto, antes del temido ‘lockout’. El último suspiro de victoria que ha podido verse en la mejor liga de basket mundial. Un año impresionante, con el resurgir de los Bulls, la estrepitosa caída de Spurs y Lakers en las eliminatorias, y con la resolución final del culebrón de Carmelo Anthony. Un año reñido, que puede terminar en una polémica desgracia.
De momento, nos quedamos con una merecida celebración para los Dallas Mavericks, y un respetuoso silencio para Miami Heat. No han conseguido su sueño esta temporada, pero lo tienen centrado entre ceja y ceja, y apuntado en la lista de tareas.