lunes, 18 de julio de 2011

Michael Jordan, inteligencia del basket

Cuando se habla de Michael Jordan entre aficionados al basket, puede que los más noveles no reconozcan sus proezas, pero gracias a Internet, todos tenemos sus proezas a nuestro alcance. Refiriéndonos a él, por supuesto, como un ser superior, destacado privilegiado del deporte del aro, y mejor jugador de la historia de este deporte por aclamación popular. Jordan ha hecho lo imposible en una cancha de basket, y siempre permanecerá grabado en las retinas del buen fanático al baloncesto. Nacido el 17 de febrero de 1946 en Brooklyn, jugó siempre al más puro estilo americano. Logrando lo que apenas unos pocos podían imaginar.

Desde la creación de la NBA, una progresiva revolución había cambiado el perfil de los jugadores que la plagaban. Empezando por Bill Russell y Wilt Chamberlain como duelo protagonizta de la década de los 60, la NBA ya sabía lo que era contar con grandes anotadores. Sin embargo, hubo un cambio radical (entre muchos otros) que surgió en los 80; el “showtime”. Y es que un joven Earvin Johnson había llegado a la Liga en el Draft de 1979, para pasar a llamarse simplemente «Magic». Junto a él, otro duelo había surgido. Desde Indiana, se acercaba a los Celtics Larry Bird, «el pájaro de altos vuelos». Con la instauración de la línea de tres puntos, Bird tuvo gran parte de su protagonismo desde el exterior, una de sus mejores facetas. Al mismo tiempo, Johnson se pasaba horas y horas entrenando sus pases para plasmar auténticas creaciones sobre la pista. Pases sin mirar, por detrás de la espalda, desde el suelo... un lujo.
A pesar de haber nacido en Brooklyn, Jordan tuvo siempre su corazón en North Carolina, pues la familia se mudó allí cuando él era aún un crío. Comenzó a desarrollar sus habilidades deportivas en el instituto Emsley A. Laney. Al principio, dijeron que Jordan estaba subdesarrollado, y lo cortaron en su segundo año, cuando medía en torno a 1,80 metros de estatura. No obstante, tras un duro entrenamiento, consiguió no sólo entrar en el equipo, sino terminar su etapa como jugador de instituto promediando un triple-doble (29,2 puntos, 11,6 rebotes y 10,1 asistencias).
Consiguió una beca deportiva de la Universidad de North Carolina, por lo que no salió del estado. Participando en unos Tar Heels liderados por el posterior laker James Worthy, comenzó a crear su legado cuando en 1982 anotó la canasta decisiva que daría la victoria a su universidad frente a la Georgetown de Pat Ewing. Una canasta que le valió un campeonato de la NCAA. Terminó de graduarse en 1986, después de llegar a la NBA, pero dejó al equipo de baloncesto en 1984.
Ese mismo año, Jordan decidió presentarse al Draft de la NBA. Fue escogido en la tercera posición del Draft de 1984 por los Chicago Bulls. Fue escogido Novato del Año, y su equipo terminó con un balance de 38-44, siendo eliminados en primera ronda de los Playoffs por los Milwaukee Bucks. Al año siguiente, el récord disminuyó hasta un 30-52, y fueron eliminados nuevamente en primera ronda, esta vez por los Boston Celtics. Fue en el segundo partido de estas series cuando se adjudicó el partido de mayor anotación de Playoffs, con 63 puntos frente a los “C’s” de Larry Bird, de quien sus declaraciones formaron parte de la leyenda; “He visto a Dios disfrazado de jugador de baloncesto”.
En 1987, Jordan, tras promediar la friolera de 37,1 puntos por partido (el mejor desde Wilt Chamberlain), quedó 2º en la votación de MVP de la temporada, 284 puntos por debajo de Magic Johnson. Los Bulls ganaron 40 partidos y perdieron 42. Lamentablemente para Jordan, fueron eliminados por segundo año consecutivo por los Celtics en primera ronda, a la postre campeones.
Fue en la temporada 1987-88 cuando los Bulls lograron por fin un récord positivo desde la llegada de Jordan a la franquicia. 50-32 en su alance, y Jordan colmó su temporada lleno de premios. Su primer MVP de la temporada, Mejor Defensor del Año, campeón del Concurso de Mates por segundo año consecutivo, MVP del All-Star Game… Además, superó por primera vez la primera ronda en los Playoffs. No pudo llegar mucho más lejos, pues cuando se encontró con los “Bad Boys” de Detroit, fue marcado por dos o tres jugadores, la táctica de Chuck Daly para inutilizarlo. Eso pasó también al año siguiente, pero llegaban al equipo Horace Grant o Scottie Pippen y, lo más importante, Phil Jackson en los banquillos.
Por eso, en los años 1991, 92 y 93, los Bulls vencieron a todas sus bestias negras, ganando sus tres primeros campeonatos de la NBA. Junto a ellos, Jordan no había bajado el listón, consiguiendo ser el MVP de las tres Finales, y haciendo balances impresionantes, como el 67-15 de la temporada 1991-92.
Entonces, súbitamente, dejo un vacío en los aficionados al baloncesto. Un tiempo después de la muerte de su padre (en julio de 1993), concretamente el 6 de octubre de ese año, Jordan convocó una rueda de prensa para anunciar su retirada, declarando que no disfrutaba como lo había hecho antes. James Jordan murió el 23 de julio de 1993 en un área de descanso de una carretera de North Carolina, asesinado por Daniel Green y Larry Demery, dos jóvenes que posteriormente serían condenados a cadena perpetua. Michael estaba muy unido a su padre. Precisamente por su unión paterno-filial, el mejor jugador del baloncesto mundial, destrozado por lo sucedido, optó por jugar al béisbol. Cuando firmó un contrato con los Chicago White Sox de la American League (que tenían al mismo propietario que los Bulls, Jerry Reinsdorf). Michael dijo que lo hacía por una promesa que tuvo con su padre, y que de niño había jugado (curiosamente, de joven jugaba como lanzador, no bateador). Jugó menos de 20 partidos en las ligas menores, antes de mudarse a Birmingham, para jugar con los Barons. La prensa no tardó mucho tiempo en criticar su forma de jugar, pues no se le daba tan bien como muchos esperaban, pero la afluencia a los partidos de los Barons llegó a sus máximos históricos. Con todo, Michael pronto colgó el bate para dedicarse a lo que más le gustaba: el baloncesto.
Los Bulls iban en un declive progresivo sin su gran estrella, a pesar de haber cosechado un gran balance de 55-27 durante el primer año sin él. Pero el 18 de marzo de 1995 todos los medios deportivos abrían con las mismas palabras: «I´m back» (he vuelto). Tras tanto tiempo sin jugar, aún conservaba su calidad, pero había perdido parte de su explosividad en momentos claves. Los Bulls cayeron en Semifinales de Conferencia ante los Magic. Jordan colgó el dorsal 45 (que había utilizado anteriormente con los Barons), para retomar el 23 (que había sido retirado como homenaje).
Tras el verano de 1995, los Bulls adquirieron a una pieza clave como Denis Rodman, y Jordan se entrenó más duro que nunca. A la temporada siguiente, los Bulls lo dieron todo de sí, para convertirse posteriormente en el mejor equipo de la historia. A mitad de temporada, contaban con únicamente 3 victorias, y al final de la misma terminarían con 72 victorias y 10 partidos perdidos. Se hicieron campeones ante los Seattle SuperSonics de Shawn Kemp y Gary Payton. En 1997, su calidad fue un pequeño paso más allá, otorgándonos en las Finales ante los Jazz del dúo Malone-Stockton una canasta decisiva en el primer partido o los 38 puntos del «partido de la fiebre» en el quinto encuentro.
Al año siguiente (1998), se cerró el segundo «three-peat» de los Bulls de Jordan, nuevamente ante los Utah Jazz. El balance de ese año había sido de 62-20, inferior al de los Jazz, que llegaban a las Finales para tomar revancha. Sin ambargo, los Bulls se mostraron superiores, hasta el punto de vencer por 42 puntos (96-54) en el tercer encuentro. Y posteriormente, en el sexto y último, nos otorgó el último momento como jugador de los Bulls.
Tras un robo de balón a Karl Malone, y siendo defendido por Byron Russell, Jordan realizó una finta de tiro que le dejó un espacio de tiro suficiente para encestar un lanzamiento en suspensión que le valió el sexto campeonato de su carrera profesional. Más tarde, en enero de 1999, cuando se anunció el “Lockout”, Jordan se despidió del baloncesto por segunda vez.
La posterior vuelta al baloncesto tras el cierre patronal con los Washington Wizards no fue como la primera, y tanto la edad como las lesiones limitarion más que notablemente el juego de Jordan, que fue perdiendo paulatinamente la titularidad. Jugó en Washington en 2002 y 2003, y donó su salario a las víctimas del atentado del 11 de septiembre. En su última temporada, el público lo ovacionó y se rindieron homenajes en casi todas las canchas de la Liga (especialmente en la de Chicago). Fue capaz de anotar más de 40 puntos a la edad de 40 años, y disputó de forma honorífica el All-Star Game de 2003 como titular, puesto que le otorgó Vince Carter. Quién sabe si volveremos a ver a otro jugador como él...
Fuente: Wikipedia

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